Desde antiguo el efecto del sonido invisible, que conmueve y une los corazones de los hombres, se percibía como un enigma. Los soberanos aprovechaban esta propensión natural a la música. La elevaban y ponían orden en ella.
La música sé tenia por algo serio, sagrado, que debía purificar los sentimientos de los hombres. Debía cantar loas a las virtudes del os héroes y tender así el puente hacia el mundo invisible. En el templo se acercaba una a dios con música y pantomimas (sobre cuya base se desarrollo mas tarde en el teatro. Los sentimientos religiosos frente al creador del mundo se unían a los más sagrados sentimientos humanos, los sentimientos de veneración a los antepasados.
Estos eran invitados con motivo de tales servicios religiosos, como huéspedes del Señor del Cielo y representantes de la humanidad en aquellas altas regiones. Al enlazarse así, en solemnes momentos de entusiasmo religioso.
El paso propio con la divinidad, se celebraba la alianza entre la divinidad y la humanidad. El soberano, que en sus antepasados veneraba a la divinidad, se constituía con ello en Hijo del Cielo, en el cual se tocaban místicamente el mundo celestial y el mundo terrenal. Tales pensamientos constituyen la ultima y más alta síntesis de la cultura china. El propio maestro Kung (Confucio) decía, refiriéndose al gran sacrificio durante el cual se cumplían estos ritos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario