En la gran manzana, la fiebre del boogaloo afectó a las grandes bandas latinas, a esas orquestas que desde los años 50 impusieron el sabor de la música latina en Nueva York con el Mambo, Cha cha chas y Pachangas, ya sea en salones famosos como El Palladium, o en clubes como el Tritón, Caborrojeño, El Caravana, El Bronx Casino, Teatro Apolo y otros. El éxito arrollador de las nuevas y pequeñas bandas de boogaloo redujo drásticamente los contratos de las orquestas tradicionales porque en los bailes la juventud prefería a sus ídolos del momento: Richie Ray, Pete Rodríguez, Johnny Colón o King Nando. Aunque algunos músicos veteranos se beneficiaron con el boogaloo (Héctor Rivera, Pete Terrace o Joe Cuba), otros lo hicieron solamente por estar a la moda a pesar de que rechazaban el nuevo ritmo (Tito Puente, Harlow o los Palmieri, entre otros). A Puente, por ejemplo, el boogaloo le pareció, según sus propias palabras, “apestoso” porque afectó la estabilidad económica de su orquesta y la de otros directores de orquestas. Larry Harlow consideraba al boogaloo como una porquería. Según Pacheco, el boogaloo era la repetición de la repetidora. “Música monótona y aburrida”. El líder de Fania no participó de la moda casi por convicción y, aunque en 1968 grabara en su LP ‘Por demanda popular’ (Fania LP 333) los intrascendentes ‘Sunshine Superman’ y ‘Suaviloo’ (una especie de boogaloo suave), siguió con su línea de ‘matancerización’ de la música latina que había iniciado en 1964 con el primer LP de discos Fania (‘Cañonazo’), de la cual sería posteriormente uno de los principales protagonistas y beneficiados en el ‘boom’ de la salsa de los 70. En 1968, un músico talentoso como Charlie Palmieri sufriría una fuerte crisis nerviosa al no tener contratos. Todo este panorama perjudicó al boogaloo y a los líderes de bandas que lo impulsaban, quienes fueron damnificados del poder de las grandes orquestas tradicionales que tenían el respaldo de los promotores, empresarios y programadores radiales. En Nueva York el boogaloo estaba perjudicando a los músicos latinos, quienes por su trayectoria artística eran los más influyentes, esto llevó a que poco a poco se tejiera toda una red para acabar o marginar al ritmo. Uno de los que mejor describe la evolución del boogaloo desde su aparición hasta su declive es el pianista Aurelio ‘Yeyo’ Salgado, del Sexteto Nuevo Swing. ‘Yeyo’, en una entrevista publicada en herencialatina.com, sostiene que “cuando empezó, el Boogaloo dejó sin trabajo a muchas orquestas que estaban tocando música típica como mambos, pachangas y charangas. El Boogaloo fue como una explosión, una revolución musical y estas grandes orquestas quedaron sin espacio. Debido a esta circunstancia, recortaron su personal y se vieron en la necesidad de tocar Boogaloo. Lo hizo Tito Puente, El Gran Combo, Machito, The Alegre All Stars, Orlando Marín, la Orquesta Broadway, Joe Quijano y su Orquesta Cachana, Eddie y Charlie Palmieri, etc. Los artistas cambiaron su manera y estilo; luego vino el ‘Back Glass’, donde muchos artistas de la farándula latina, dijeron: no vamos hacer ese estilo de Boogaloo, vamos a hacer música latina, quien siga ese estilo está en ná”. Seguramente un tema que refleja esa situación de manera jocosa, aunque fue grabado tardíamente en 1974, es ‘El cartero’, de la Orquesta Novel, en cuya letra los primeros que encabezan la lista de desempleados -caso curioso- son los hermanos Palmieri y Tito Puente, mientras que por ningún lado se menciona a gestores del boogaloo como Pete Rodríguez, Tony Pabón, Richie Ray o Johnny Colón. Serían motivos económicos -más que culturales- los que ejecutarían contra el boogaloo toda una conspiración que acabó de repente con su difusión radial y producción discográfica. El argumento que se esgrimió era el regreso a las raíces latinas de la música ya que la popularidad de este ritmo afectaba la estabilidad de las bandas latinas tradicionales de la gran manzana ante la presencia arrolladora de bandas pequeñas dirigidas por jóvenes innovadores y talentosos. Lo cierto es que el Boogaloo no desapareció por agotamiento de la moda, ¡lo acabaron!, que es cosa diferente. En efecto, los líderes de las bandas de Boogaloo fueron víctimas de un cerco que boicoteó la programación de sus temas en las emisoras mientras eran vetados por los promotores o los mantenían ocupados por toda la ciudad a cambio de unos cuantos dólares, lo cual se conoció como ‘El paquete de contratos’. Artistas como Johnny Colón, Pete Rodríguez y King Nando fueron perjudicados por la conspiración. “Cuando Johnny Colón programaba un baile, los grandes promotores como Ralph Mercado, hacían un baile más grande para ‘tumbarle’ los clientes y así lo llevaron al fracaso”, afirma Salgado. Por otra parte, cuando lo buscaban para un baile, su propio promotor expresaba que ya no tenía cupo, lo cual era una maniobra para darle oportunidad a las otras orquestas que estaban sin trabajo y que habían sido desplazadas por las bandas de Boogaloo. La reacción de Johnny Colón ante esa situación no se hizo esperar. Se enfrentó, entre otros, a su promotor José Curbelo (el famoso director de orquesta de los años 40 y 50) y contra el veto de músicos incluidos en una ‘lista negra’, impulsada por lo que él denominó ‘La coalición’ de promotores, empresarios y programadores de radio. En una entrevista con el sociólogo Vernon Boggs, Johnny Colón sostiene que, “a pesar de que yo era un tipo sin poder, fui y los critiqué en las estaciones de radio y dije como los músicos estaban siendo descabezados. No les gustó. Así que hicieron una coalición más grande para asegurarse de pararme y controlar al resto de músicos”. Junto con Chino, líder del Conjunto Melao, continúa Colón “...fuimos los únicos con arrestos para salir y denunciar eso de verdad. Muchos sabían como descabezaban a los músicos y a los líderes de los grupos... yo siempre me mantuve en mi línea, soy uno de los pocos que lo hice (...) Con toda honradez tengo que decirlo, fue un camino muy difícil para quienes lo hicimos”. Otro duro crítico de esa situación que prácticamente lo dejó sin trabajo fue el líder y pianista de La magnífica, Pete Rodríguez. Fernando Rivera, más conocido como ‘King Nando’, fue otro de los grandes perjudicados en este accionar contra el boogaloo. En esos años era uno de los líderes más importantes de las agrupaciones de este ritmo. De acuerdo con el investigador Max Salazar, sus grabaciones para el sello Swinger fueron muy exitosas entre el público neoyorquino amante del Boogaloo. Sus declaraciones a Salazar son una demostración de lo que sucedió con el género y los que lideraron esta música, “el boogaloo no estaba matando a nadie. Fue asesinado por envidia de antiguos directores de bandas, unos cuantos promotores de bailes y famosos programadores de música latina. Nosotros éramos las bandas pegadas, pero no tuvimos chequeras repletas de dólares. Los lideres de las bandas de Boogaloo fueron forzados a aceptar un ‘paquete de contratos’, unos contratos que nos mantenían ocupados por toda la ciudad... una hora aquí... la otra allá por una pequeña ganancia. Cuando corrió la voz que nos uniríamos y no aceptaríamos más esos contratos, nuestras grabaciones dejaron de escucharse en las estaciones de radio. El Boogaloo se acabó y con él la carrera de la mayoría de los líderes de sus bandas”. Opinión similar tiene Ángel Lebrón, bajista de la orquesta de los Hermanos Lebrón, otra de las importantes bandas de boogaloo de la época: “La era del Boogaloo llegó a su final cuando nos rebeldizamos (sic) contra el famoso paquete de contratos”.
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